Incorporar más mujeres al trabajo: un desafío estructural y una oportunidad país
27 abril 2026
Las brechas en la participación laboral femenina no son nuevas, pero la evidencia reciente —a partir del estudio Women in Business de Grant Thornton y los datos de la encuesta Casen— permite entenderlas con mayor claridad y, sobre todo, identificar dónde están los nudos críticos.
Cuando se observa la trayectoria profesional de las mujeres en distintos niveles, aparece un patrón común: las barreras no desaparecen, solo cambian de forma. En los sectores de menores ingresos, la participación de mujeres en el trabajo alcanza apenas un 29,2%, con alta informalidad y fuerte presencia de jornadas parciales. En los niveles ejecutivos, aunque las condiciones son distintas, persisten limitantes relevantes: solo un 26% percibe un impulso activo desde las empresas y un 35% identifica la falta de flexibilidad como obstáculo para avanzar.
Esto permite una conclusión clara: no se trata de un problema de acceso puntual, sino de un reto estructural que atraviesa toda la trayectoria profesional.
Uno de los factores más determinantes es el peso del cuidado. En los sectores más vulnerables, un 15,3% de ellas está fuera de la fuerza laboral por esta razón, frente a solo un 2% de los hombres. En el ámbito ejecutivo, un 88% considera que la maternidad impacta negativamente su carrera. Esta responsabilidad, por tanto, no solo limita la inserción laboral, sino también el desarrollo profesional. En ese sentido, si el diagnóstico es estructural, las respuestas también deben serlo.
En los segmentos de menores ingresos, esto implica fortalecer sistemas de apoyo, reducir la informalidad y facilitar trayectorias laborales más estables. En el entorno corporativo, el reto pasa por avanzar en corresponsabilidad, incorporar flexibilidad de manera efectiva y ajustar prácticas que hoy restringen el avance de las mujeres en el trabajo. Pero este no es solo un asunto social. Es también un aspecto de desarrollo.
La evidencia muestra que aumentar la participación laboral femenina amplía la base productiva, mejora la productividad y fortalece la resiliencia de las organizaciones y de la economía. Desde esta perspectiva, integrar más mujeres —tanto al trabajo como a los espacios de decisión— no solo mejora oportunidades individuales, sino también la calidad de las decisiones y los resultados.
El desafío, entonces, no es solo abrir más instancias, sino asegurar que esas oportunidades se traduzcan en trayectorias sostenibles.
Avanzar en esta dirección requiere coordinación público-privada, foco en medidas concretas y una mirada de largo plazo. Porque esto no es un asunto sectorial: es un desafío país y, al mismo tiempo, una posibilidad para construir una economía más dinámica y sostenible.
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