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Nuria Chinchilla: “Ya no tenemos que hacer revolución, sino evolucionar”

19 julio 2022

La española fundó el International Center for Work and Family del IESE Business School, Universidad de Navarra, donde es profesora e investigadora, además de ser doctora en Economía y Dirección de Empresas y MBA. También es titular de la cátedra Carmina Roca y Rafael Pich-Aguilera de Mujer y Liderazgo.

“En general estamos avanzando bastante, aunque quizás no al ritmo que nos gustaría”, dice Nuria Chinchilla al ser consultada sobre cómo estamos las mujeres hoy.

La española es profesora e investigadora del IESE Business School, Universidad de Navarra, fundadora del International Center for Work & Family y de la Iniciativa I-WIL (IESE Women in Leadership). Es licenciada en Derecho, MBA, doctora en Economía y Dirección de Empresas y miembro de la RACEF (Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras).

Lleva cuatro años haciendo la cátedra Carmina Roca y Rafael Pich-Aguilera de Mujer y Liderazgo con mucho éxito, ayudando a las mujeres a tomar decisiones estratégicas. “Hay una evolución muy rápida. Ya no tenemos que hacer revolución, sino evolucionar. Si no, acabaremos con una contra revolución y nos viene el boomerang de vuelta. Creo que vamos en buen camino”.

– ¿Qué dificultades ves?

– Hay una serie de techos de cristal que ponen las culturas, las estructuras pensadas por y para hombres, pero también hay algunas realidades que nos asignamos nosotras. Son los techos de cemento que nos autoimponemos, que tienen que ver con hasta qué punto tengo vida después del trabajo, o tengo miedo al fracaso, o a negociar para mí misma, porque hay una autoestima más baja al compararnos siempre con el modelo masculino, o no tenemos tiempo de hacer networking, o nos cuesta visibilizarnos porque no nos parece bien tener que “vendernos”. Son cosas que son muy femeninas, pero que tenemos que superar.

– ¿Qué tan importante es el rol de la familia en este camino hacia el liderazgo?

– En 2012, cuando fui representante de España en la CEDAW, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer de la ONU, mi campaña fue hablar de las tres F. Son los tres criterios para tener sociedades, empresas y familias sostenibles. Primero está la F de feminidad, ya que tenemos que abrir el ojo femenino para enfocar bien las decisiones. Esto conlleva dos realidades. La primera es la Complementariedad desde la diferencia sinérgica: Cuando nos ponemos a trabajar hombres y mujeres, tanto en la familia como en la empresa, uno más uno no son dos, pueden ser 22. La segunda es el Cuidado. Por biología, la persona femenina tiene mayor empatía y la capacidad de cuidar a las personas.

La segunda F es la de familia. No puede ser que la empresa esté dejando a la gente sin energía y cuando llega a casa no puede construir hogar. Si tenemos en cuenta la familia, tanto legislando como dirigiendo empresas, se desarrollarán las otras dos C: Competencias (virtudes personales tan necesarias en el ámbito laboral) y Corresponsabilidad (de hombre y mujer en los distintos ámbitos).

La tercera F es la de flexibilidad. El gran reto es la flexibilidad del tiempo y del espacio. Mucho más al dirigir personas, que van teniendo diferentes etapas en la vida con distintas necesidades. Si las dirigimos con flexibilidad, desarrollaremos la C, del Compromiso, y la C, de la Confianza, ambas necesarias para ser sostenibles. Si no hay confianza no hay empresa, familia ni sociedad.

– ¿Cómo podemos promover la presencia de mujeres en la alta dirección?

– Primero, dando a conocer a las que han llegado de forma equilibrada. Es importante porque ellas son ejemplo para las más jóvenes. Así tienen referentes. Además, es necesaria la flexibilidad y dirección por objetivos. Es bueno también que las empresas tengan el servicio de “mami coaching” para la que va a ser madre y su jefe, dado que gran parte de la discriminación de mujeres es por maternidad, actual o potencial. La mujer tiene que aportar su diferencial, que es su feminidad. Para que haya igualdad de oportunidades, hay que formar a los directivos para que sean conscientes de la diversidad desde la biología y la psicología, y de cómo miramos el mundo de modo diferente. Hay que subrayar las diferencias para que la alta dirección y los comités directivos vean que se necesita la visión femenina.

– ¿Cuál es el rol de los hombres en esta transformación?

Hay que formar a directivos y directivas, para que tengan en cuenta los sesgos inconscientes. El hombre tiene que hacer de padre, esposo y de constructor de hogar, igual que la mujer. La familia es bicéfala, tienen que estar de acuerdo en quién hace qué y quién cede en qué. También es interesante que la gente sea consciente del tipo de matrimonio que tiene, si cada uno está por su parte, si son equilibristas o si son antagonistas, y del que les gustaría construir. Muchas más cosas se pueden hacer desde los gobiernos, empresas y familias.

– ¿Tienes un consejo final para las mujeres que quieren llegar a la alta dirección?

– Hay que formarse, y sería bueno no dejar de lado otras áreas de la vida en el proceso. Lo digo en mi libro “Integrar la vida”: tenemos que tener tiempo para el trabajo dentro y fuera de casa, para las amistades y hobbies, y todo lo que sea necesario por ser persona. Tienes que ser equilibrada y completa en la vida para poder liderar a otros. A partir de ahí hay que visibilizarse. Si tienes un talento y quieres contribuir, y no saben que existes, no te van a tener en cuenta. Hay que llamar la puerta, saber hablar y hacer el networking, que es trabajar la red, no solamente hacer contactos. Es ponerse al servicio y empezar por dar en la relación. Además, para conciliar, es importante con quién te casas, dónde vives (para tener red de apoyo), y dónde vas a trabajar, para tener un buen líder, ojala líder-coach.

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