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Salud mental y bienestar: los efectos de un segundo año de cuarentenas

03 mayo 2021

Con más de 9.100 casos nuevos reportados, el 9 de abril Chile alcanzó el peak de contagios por Coronavirus en lo que va de la pandemia. Conversamos con Juan Pablo Jiménez, psiquiatra y director del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad y María Luisa Méndez, socióloga del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica y directora del COES, sobre los efectos de esta segunda ola en las personas.

A la hora de hablar del impacto de las cuarentenas en la salud mental, el psiquiatra Juan Pablo Jiménez es enfático en señalar que “en Chile se confunde malestar con la enfermedad mental. No todo es depresión”, apunta. El profesional advierte que cuando ocurre esta confusión aumenta la automedicación y las personas se desmovilizan.

El director del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP) explica que “hay muchas razones que nos hacen sentir peor que antes, pero eso no es enfermedad. El darse cuenta del malestar es un factor muy importante para que podamos hacer algo al respecto. Las emociones negativas son señales de alerta de que algo nos está amenazando”, explica.

De acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Salud (2017), un 15,8% de la población reporta sintomatología depresiva. No obstante, Juan Pablo Jiménez hace notar que al estudiar a esta población con más detalle, casi dos tercios de estas personas no se encuentran enfermas, con lo que la cifra de personas con depresión se reduce a un 6,2%.

Estas personas que tienen síntomas, pero no están enfermas “¿serán personas cerca de deprimirse o personas que viven en condiciones de hacinamiento o cesantía que están reaccionando a eso? Esa reacción es normal y adaptativa. Si no la tuvieran, efectivamente se enfermarían”, cuestiona Jiménez.

El contexto urbano como fuente de malestar

María Luisa Méndez, es socióloga del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica y directora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES). Actualmente forma parte de un proyecto financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) para investigar los efectos de la vivienda, el barrio y la ciudad en el control de la pandemia. “Nos interesa entender las condiciones que restringen la disposición de las personas a respetar las normas sanitarias”, explica.

De acuerdo al estudio, el hacinamiento, la segregación, los problemas en el transporte y la imposibilidad de ejercer un trabajo a distancia, son algunos de los factores que están influyendo en el cumplimiento de las medidas de confinamiento y en el deterioro de la calidad de vida de las personas.

Para Méndez, uno de los grandes problemas que ha dejado en evidencia la pandemia tiene que ver con la crisis de la vivienda en Chile. “Estamos en un momento en que aumentaron de forma muy dramática los campamentos. Se volvió a las cifras de los 90 y hubo un retroceso completo del periodo democrático. Estamos en un momento de precarización de la vida. No podemos no mirar esto porque es una fragilidad tremenda”, advierte.

Un nuevo año en pandemia

Para ambos profesionales, uno de los principales problemas actualmente tiene que ver con el agotamiento y la incertidumbre sobre cuándo se podrá volver a una vida con mayores libertades. Aunque coinciden en que las personas enfrentan este segundo año con mejores herramientas.

“Esta vez, lo que es diferente es el golpe de la fatiga pandémica. El hecho de volver a la cuarentena es muy desalentador. Si bien la gente ha desarrollado prácticas y conocimientos para enfrentar la situación, nadie sabe cómo manejar la sensación de estar ‘en el día de la marmota’. Ojalá hubiera mayor contención sobre eso. Ahí estamos en deuda como sociedad”, reflexiona la socióloga María Luisa Méndez.

En tanto, Juan Pablo Jiménez señala: “para los grupos que están peor, este confinamiento es como una lluvia sobre mojado. La gente que entró mal a la pandemia el año pasado, que pudo sobrevivir a las medidas de confinamiento y lograron recuperarse un poco, entran esta vez con mucha más desesperanza. Al mismo tiempo, hay otros que aprendieron del año anterior, que descubrieron ciertos hobbies y entraron con un mejor pie. Yo creo que hay gente que ha descubierto cosas”, finaliza.

 

 

 

 

 

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