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Alfredo Moreno: “Las cosas no se pueden imponer, hay que ganarlas”

05 marzo 2026

En un escenario social y político marcado por la polarización, la pregunta por cómo reconstruir confianza dejó de ser retórica. Se volvió estructural. Desde el mundo empresarial hasta el servicio público, incluyendo ocho años como ministro en tres carteras distintas (Cancillería, Desarrollo Social y Obras Públicas), Alfredo Moreno ha estado en espacios donde el desacuerdo no es excepción, sino la condición base.

Su diagnóstico es directo: “La confianza es algo que hoy día hace falta mucho. Estamos extremadamente polarizados, extremadamente metidos en nuestros propios grupos, y cuesta mucho trabajar con el resto”.

Para Moreno, el problema no radica necesariamente en las diferencias reales, sino en la forma en que se gestionan. “Muchas veces las discusiones no son sobre las verdaderas diferencias que tenemos, sino que suponemos cosas de las otras personas. Antes de conversar, ya suponemos lo que piensan, cuáles son sus intereses, incluso les adjudicamos una enemistad con nuestras posiciones. Y en general eso no resulta cierto”.

Esa constatación, aparentemente simple, ha sido el eje de su experiencia tanto en el sector público como privado. “Siempre hay que dedicar un tiempo al inicio a entender lo que la otra persona realmente piensa, cree o le interesa. Es muy distinto ver una foto que un video que muestre la vida de esa persona”. La metáfora es clave: juzgar a alguien por su cargo o posición es quedarse en la instantánea; comprender su trayectoria es entender la película completa.

 

La confianza como metodología

En los procesos de diálogo en los que ha participado, desde la tramitación de proyectos de ley que, según recuerda, lograron aprobarse prácticamente por unanimidad, hasta su rol en la Comisión Presidencial para la Paz y el Entendimiento que tuvo como objetivo tratar el problema territorial en las regiones del Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos; Moreno insiste en que la confianza no es un acto espontáneo, sino una práctica deliberada.

“Lo primero es darnos cuenta de que nos necesitamos. No es posible hacer las cosas solos. Si uno pierde la energía en el conflicto, el resultado es cero”.

Desde esa convicción surge la necesidad de un diseño metodológico. En la iniciativa 3xi (Inspirarnos, Incluirnos, Innovarnos) impulsada desde el mundo privado con apoyo de la academia y otros actores, se han realizado más de 60 encuentros a lo largo del país. La lógica no es convencer, sino abrir espacio. “Nosotros no les decimos a las personas lo que hay que hacer. Les damos un lugar donde pueden realmente conversar”.

El método parte por algo aparentemente básico: humanizar antes de debatir. “Nunca preguntamos primero en qué trabaja la persona. Preguntamos por su vida, por su historia. Primero tienes un ser humano, luego una opinión”.

Detrás de esa práctica hay una convicción más profunda: “No hay nadie que tenga toda la razón. Pero tampoco hay nadie que no tenga nada de razón”.

En su experiencia, incluso en contextos altamente tensionados como el conflicto en La Araucanía, la disposición inicial marca la diferencia. “La mejor manera de conseguir que alguien te dé la mano es estirar la mano. Es preferible correr ese riesgo que esperar con los brazos cruzados”.

 

Cultura del encuentro en la empresa

Trasladar esa lógica al mundo empresarial no es automático. Requiere aprendizaje y práctica. “Esto hay que aprenderlo y practicarlo. No es algo que salga natural, menos en un mundo tan agresivo como el actual. Pero si uno cree de verdad que esto es mejor, hay que dedicarle tiempo”.

Moreno advierte que los desafíos que enfrentan hoy las organizaciones son cualitativamente distintos a los de hace décadas. “Los problemas ya no son solamente técnicos. Tienen una parte humana y comunitaria. La ciudadanía hace sentir su peso respecto de los proyectos. El ‘cómo’ a veces es igual o más importante que el ‘qué’ final”.

En esa línea, enfatiza la importancia de integrar los conocimientos técnicos con la experiencia práctica. Pone como ejemplo la seguridad laboral: los especialistas aportan técnica, pero quienes ejecutan la tarea peligrosa conocen riesgos que ningún manual puede anticipar. “La mezcla es mucho más poderosa que cualquiera de esos dos grupos operando por separado”.

Eso implica también discernimiento. “No se trata de lograr cualquier acuerdo. Hay acuerdos muy malos. De lo que se trata es de cómo hacemos para que las buenas ideas sean las que prevalezcan”.

 

Liderazgo con mirada de servicio

En una trayectoria que combina empresa, diplomacia y política social, Moreno distingue entre principios y aplicación. “Hay valores que no cambian, que se formaron en tu casa, en tu colegio. Pero la aplicación práctica exige estudiar cada caso particular. La vida real no se resuelve con generalidades”.

Ese enfoque lo lleva a criticar la simplificación excesiva en el debate público. “Está lleno de personas que pontifican sobre principios generales sin estudiar el caso concreto. Y en la vida real eso no funciona”.

El liderazgo, a su juicio, no consiste en imponer, sino en articular. “Las cosas no se pueden imponer, hay que ganarlas”.

 

La diversidad como activo

En el marco del trabajo que REDMAD impulsa hace más de una década, Moreno aborda explícitamente el valor de integrar miradas diversas en los espacios de decisión.

“Las mujeres son un recurso que la sociedad no tenía disponible hace no tantas décadas. Imagínate lo que significa tener a la mitad de la población cuyos talentos antes no estaban disponibles y hoy sí lo están”.

Recuerda que cuando estudió ingeniería civil, menos del 5% de sus compañeros eran mujeres. Hoy, en varias carreras, superan el 50%. En minería, sector históricamente masculinizado, observa un cambio estructural: “Hoy soy director de Codelco y varias de las minas más importantes tienen gerentes generales mujeres, lo que se une a las mujeres directoras de la empresa que son extraordinarias”.

Pero el aporte no es solo numérico. “No es solamente que sepan las mismas matemáticas o la misma ingeniería. Traen trayectorias de vida distintas, experiencias distintas. Y es en esa diversidad donde está la riqueza”.

 

Un momento decisivo para Chile

Pese al diagnóstico crítico sobre la polarización, Moreno declara optimismo. “Tenemos cosas sobre las cuales apoyarnos. Cambiamos de presidente y se respeta el resultado. Más de la mitad de los jóvenes accede hoy a la educación superior. Tenemos oportunidades enormes con el cobre, el litio, la energía solar”.

Desde su experiencia como Canciller, recuerda un período en que Chile era visto internacionalmente como ejemplo. “Iba a cualquier parte del mundo y la pregunta era ‘¿Cómo lo hicieron?’ Esto demuestra que podemos hacerlo”. 

Hoy, advierte, el contexto externo es favorable. “Estamos en un momento externo estelar. Lo que no podemos hacer es perderlo en el conflicto”.

La clave, insiste, no está en negar las diferencias, sino en gestionarlas con método, respeto y amplitud de miradas. Porque, como repite a lo largo de la conversación, “no hay nadie que tenga toda la razón, pero tampoco nadie que no tenga nada de razón”.

 

 

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