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La importancia de que REDMAD cuente con un Código de Ética

29 septiembre 2022

Concha Roldán y Txetxu Ausín, integrantes de la Dirección del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, e Ignacio del Solar, presidente del Consejo de Autorregulación y Ética Publicitaria (Conar), reflexionan sobre este tema.

La Comisión de Ética de REDMAD realizó una nueva versión del Código de Ética de la Corporación, que fue aprobado por su Directorio y posteriormente por la Asamblea de Socias en abril de 2022.

El documento detalla que “su objetivo es promover altos estándares de conducta y evitar los conflictos de interés, utilizando los valores y principios de nuestra comunidad. Asimismo, se orienta el actuar de la Corporación, siendo una guía en materia de convivencia interna ante socias, aliados, clientes, proveedores, autoridades, otras organizaciones y la sociedad en general”.

Concha Roldán, directora del Instituto de Filosofía (IFS) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC) y presidenta de la Asociación Española de Ética y Filosofía Política, y Txetxu Ausín, vicedirector del IFS que acaba de ser nombrado presidente del Comité de Ética en el CSIC, comentan a REDMAD cuál es la importancia de que las instituciones cuenten con un Código de Ética.

Explican: “En las últimas décadas, se ha puesto de manifiesto a nivel internacional que las actividades diversas realizadas en organizaciones e instituciones poseen una consustancial dimensión moral. Por un lado, en tanto en cuanto afectan a las personas en particular y a la comunidad en general donde se desenvuelven. Por otro lado, suponen la asunción de responsabilidades, de modo que le son “imputables” determinadas acciones y consecuencias, a diferencia de otras actividades humanas que podemos considerar indiferentes y carentes de tal dimensión moral. De esta manera, cobra una especial relevancia la cuestión de los valores y principios que orientan las organizaciones e instituciones -en especial las públicas-, y que caracterizan su actividad, que no puede estar regida por la arbitrariedad y debe poder “responder” a las demandas de la sociedad en que se enmarca”.

Continúan: “La dimensión moral de la actividad de las organizaciones se refiere tanto al individuo concreto que desarrolla su actividad en su ámbito como a la misma organización de dicha entidad, y debe contribuir a complementar valores que comúnmente se priman institucionalmente (eficiencia, eficacia, racionalidad formal y competencia técnica) con valores y principios más fundamentales, como el interés general, la justicia y la igualdad. Por ello las instituciones, organizaciones y empresas deben promover “Códigos de buenas prácticas” que definan y regulen la responsabilidad individual y grupal, incluyendo condiciones no discriminatorias (por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, estado civil, opinión o cualquier otra condición o circunstancia social) y crear “Comités de Ética” y “Comisiones de igualdad”, integrados paritariamente por especialistas que puedan velar por ellos”.

“Por lo tanto, la reflexión ética aplicada a las organizaciones presenta la doble vertiente de una ética aplicada tanto a las actividades (profesionales, del tipo que sean), como a las organizaciones (las diferentes instituciones y asociaciones). En definitiva, la ética ‘en’ las organizaciones y la ética ‘de’ las organizaciones no constituyen dos lógicas antagónicas, sino complementarias, si bien el contexto organizativo o institucional posibilita, configura y acota, como hemos indicado, el campo de la responsabilidad profesional, lo cual aumenta el grado de complejidad de la reflexión ética. En consecuencia, el cambio de “cultura” será uno de los objetivos de toda intervención ética en las organizaciones. Esta intervención ética contribuye, sin duda, a un mayor control social y público de la actividad de las organizaciones, que es indispensable para denunciar las malas prácticas que provocan desconfianza y descrédito y abren la puerta a la arbitrariedad y la corrupción”, concluyen.

Ignacio del Solar, presidente del Consejo de Autorregulación y Ética Publicitaria (Conar), reflexiona: “Que la Red de Mujeres de Alta Dirección cuente con un Código de Ética, es una demostración más de la seriedad con que esta Corporación está empeñada en su tarea y, sin duda, una expresión de crecimiento. Plantearse el actuar desde una obligación valórica es una valentía, una expresión de liderazgo y una clara búsqueda de sostenibilidad. En un contexto donde las desconfianzas priman, un comportamiento intachable, respeto hacia las personas y a los compromisos adquiridos es la única forma sensata de hacer empresa”.

Continúa: “En esta búsqueda de visibilizar y potenciar el trabajo de las mujeres en la construcción y transformación de la sociedad, contribuyendo para esto a su inserción en posiciones de liderazgo y promoviendo la educación respecto de su rol en esas posiciones, conceptos tan simples, pero por simples a veces olvidados, como el “desarrollo de las actividades en forma honrada”, parecen más allá de un afán propio de REDMAD, una invitación a la sociedad entera a volver a las bases que aseguran una correcta convivencia, el desarrollo de los negocios y de cualquier organización: La ética. Desde Conar felicitamos a REDMAD y sus más de 500 socias y nos ponemos a su disposición para colaborar en esta y otras materias, si así lo estiman conveniente”.

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