Christine Chassin-Trubert: “Las mujeres, en general, no buscamos hacer redes en alta dirección, por eso estoy en REDMAD»
03 abril 2025Con más de 18 años de trayectoria profesional como Ingeniera Civil Industrial, especialmente en el rubro naviero, trabaja ya hace 8 años como IT Digital Delivery Manager de Backoffice en Coca-Cola Andina para Brasil, Argentina, Paraguay y Chile.
Christine (44 años) compatibiliza ser madre de dos hijas con estudios en recursos humanos. Pero, además, su pasión por ayudar y colaborar más allá de lo laboral, la ha llevado a participar en la Fundación chileno-keniana Maisha, donde en la actualidad es directora. Esta Fundación brinda apoyo a mujeres, niñas y adolescentes vulnerables en Kenia.
Para la profesional, su participación en REDMAD se justifica de muchas formas: “Históricamente, creo que las mujeres no hemos sido muy buenas para hacer redes en la alta dirección y de hecho es una de las grandes razones por la cual estoy en REDMAD. Generar esas redes significa que siempre vas a tener un lugar donde puedes ir a buscar apoyo y además darlo. Creo que es importante sentir y saber que hay un lugar seguro donde uno puede ir a buscar consejos, una mentoría y también que exista un grupo con personas que tienen otras experiencias y en el que puedes aportar”.
En 2017, cuando había asumido el cargo gerencial en Coca-Cola Andina, Christine buscaba un espacio donde sentirse acompañada en la mirada de género. Además, desde hace varios años se había preguntado, ¿qué puedo hacer para ayudar a otras mujeres?
“Cuando estudié en la Universidad Católica de Valparaíso, de 120 estudiantes, éramos 20 mujeres. A lo largo de mi carrera, estaba rodeada de hombres y no era común ver mujeres en áreas de tecnología. Por eso, cuando conoció REDMAD se unió sin mayor reparo y buscó la manera ser un aporte.
“Estoy en la mesa de transformación digital e innovación y participé en un programa para ayudar a Pymes lideradas por mujeres. Armamos un grupo de mujeres y las ayudábamos, fue fantástico. Se trataba de un call center llamado Synergo, liderado por una mujer “atómica” que había partido de nada. Las historias eran muy inspiradoras y eso me encantó”, recuerda.
Los cambios no asustan
Su primer trabajo fue en la naviera Sudamericana de Vapores en Valparaíso, donde estuvo 4 años. Después, se trasladó a Santiago al grupo Ultramar, donde trabajó en la implementación de ERP y SAP, y pasó por varios cargos y áreas los 7 años que estuvo en la compañía.
Como los cambios hay que enfrentarlos, ingresó a Coca-Cola Andina. Al respecto, considera que fue una muy buena oportunidad para empezar en una industria completamente distinta a la del mundo naviero, donde se habla de buques, puertos y cargas, entre otros. Empezó a involucrarse con el área de Recursos Humanos desde la tecnología.
“En Ultramar, creo que fui la primera mujer gerente de TI. Llegar a ese cargo fue muy gratificante, porque significaba que lo estaba haciendo bien. Fue un aprendizaje muy enriquecedor porque pasé por varios cargos y áreas distintas y eso siempre te va dando una mirada de cómo trabajan otras personas, conoces a más gente y otras líneas de trabajo. Considero que es muy relevante aprender y estar atenta a otras miradas sobre mundos donde no te mueves, no sabes el quehacer y siempre debes escuchar”, reflexiona.
Christine comenta que no había muchas mujeres cuando empezó en las empresas navieras, pero en la medida en que fueron llegando otras, armó un grupo de apoyo donde se daban confianza entre ellas. “Era en un ambiente que tendía a ser muy estructurado, y por eso estábamos en un grupo donde éramos tres mujeres gerentes, una de innovación, otra de agenciamiento, que era clave en el negocio, y estaba yo como tecnología. Ver que hay otras mujeres viviendo lo mismo que tú, da mucha tranquilidad”, agrega.
Sobre su experiencia en Coca-Cola Andina, destaca la realización de acciones concretas para la equidad de género. Una de ellas es el Programa Promociona, (Diplomado Promoviendo Equipos Balanceados), que tiene como objetivo potenciar a mujeres en cargos gerenciales. “Ha sido muy gratificante que varias mujeres que participaron han logrado importantes ascensos en sus cargos”, explica.
“Ser partícipe de esto, ver cómo se logran los objetivos, me da alegría y satisfacción. Estoy en una empresa que, además de promulgar la importancia de la mujer, realmente hace que la vivamos a plenitud”, agrega.
La Fundación Maisha y el apoyo a niñas kenianas
“Soy una de las directoras de la Fundación Maisha, una fundación chileno-keniana en la que acogemos, acompañamos y damos herramientas a mujeres, niñas y adolescentes embarazadas en situación de riesgo. Tenemos una casa de acogida en Nairobi, Kenia, donde acompañamos a estas mujeres y nos encargamos de que cuenten con todo lo necesario para vivir su embarazo de manera saludable y con una red de apoyo integral. Entregamos las herramientas y capacidades necesarias para que una vez que egresan de nuestro centro puedan mantenerse ellas y sus hijos”, explica.
“Esta fundación comenzó gracias al trabajo de dos enfermeras matronas, quienes en 2015 conocieron a Domtila Ayot, una keniana profundamente comprometida con apoyar a las mujeres de su localidad que se encontraban en crisis. En conjunto, crearon esta red de apoyo para dar respuesta a la cruda realidad que viven las mujeres africanas de bajísimos recursos. Muchos de los casos que recibimos son chicas jóvenes que no tienen ningún tipo de apoyo, han sido echadas de sus casas o han sufrido violencia intrafamiliar. Lo que nosotros hacemos es acogerlas y darles herramientas para que puedan salir adelante”, señala.
“Este año ganamos el Fondo Chile, el cual nos permitirá apoyar a más de 4.000 personas y potenciar nuestro programa de educación sexual y afectiva. Dentro de las problemáticas que buscamos intervenir, está la falta de educación e insumos para la higiene menstrual. Esto es un problema, porque muchas niñas dejan de ir a la escuela por no contar con productos que acá son básicos, como toallas higiénicas, lo cual aumenta la brecha educacional entre niños y niñas. Incluso, hemos visto casos de niñas pequeñas que han llegado a prostituirse para poder comprar una toalla higiénica. Es una realidad muy fuerte y es muy gratificante aportar un granito de arena para que al menos una o un par de chicas no abandonen la escuela”, agrega.
La cocina, el arte y los estudios: los otros intereses de Christine
“¡Me encanta cocinar!, eso es algo que viene de familia, de generaciones, y hoy lo hago con mi hija de 5 años, porque la de 1 año es aún muy pequeña. En mi casa, el amor se demuestra a través de la comida, todos siempre estamos pensando en nuevas recetas y qué vamos a preparar al día siguiente. Nos reunimos alrededor de la mesa, ese es el espacio que nos une. Con mis hermanos nos juntamos todas las navidades, cumpleaños, bautizos. Siempre estamos todos con el mismo propósito: disfrutar de la familia y de la comida”, declara.
Así como la cocina la une con su familia, el interés por el arte y la cultura también tiene su espacio. Su casa está llena de libros e incentiva a sus hijas a estar conectadas con la lectura. “El último libro que adquirimos busca conectar el estilo de un pintor o escultor en particular y llevarlo a los niños a través de actividades manuales. Esos espacios nos permiten conectar y disfrutar”.
Trabajo, labor de cuidados, compartir la vida con su marido y buscar redes de apoyo para otras mujeres no es todo lo que realiza y compatibiliza. Además, hoy Christine suma estudios, “estoy haciendo un diplomado en tendencia en recursos humanos, en un área que me fascina, porque los proyectos de ramos humanos entregan valor a la gente y, desde el punto de vista mucho más personal, una de las cosas en las que más me gusta aportar es en el tema de la equidad de género”.
“Quiero entregar a mis hijas una enseñanza: que siempre sueñen en grande y que tengan una red de apoyo profesional y personal, así es como quiero criarlas”, finaliza.
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