Nuestras Socias

“Las mujeres tienen que confiar en los recursos que tienen, como el aprendizaje y la experiencia”

30 agosto 2022

Jessy Echeverría tiene más de 30 años de experiencia profesional en el mundo público y privado, y cuenta con maestrías en Sociología y Políticas Públicas. Es independiente, y está dedicada a ser Coach Ontológica y a las consultorías en desarrollo y cambio organizacional.

“Mi trayectoria es muy larga y diversa”, parte diciendo Jessy Echeverría, quien tiene más de 30 años de experiencia profesional. Comenzó estudiando Agronomía en la Universidad Católica, porque le gustaba mucho la naturaleza y el medio ambiente. Pero cuando ejerció se dio cuenta de que le interesaban más los fenómenos sociales, así que hizo una maestría en Sociología y se quedó trabajando en la Universidad Católica.

“Luego me fui a trabajar como consultora en instituciones públicas, con la idea de mejorar la gestión pública y las condiciones necesarias para enfrentar los fenómenos que me interesaban, que era la participación social y política de las mujeres, el desarrollo y la gestión”, cuenta Jessy.

En 2003 comenzó a ver la complejidad de los cambios organizacionales. “Me di cuenta de que, el mejoramiento de la gestión en las organizaciones, sobre todo en las públicas, era un tema complejo y difícil que implicaba acompañar los procesos de cambio. Ahí me metí en la práctica de gestión del cambio. Estuve como contraparte y consultora en varios proyectos relacionados con cambios de procesos e incorporación de nuevas tecnologías. En esa época el desarrollo digital estaba recién incorporándose en los procesos de gestión pública”, dice.

En ese escenario realizó otra maestría, ahora en Gestión y Políticas Públicas. “Me invitaron a trabajar en empresas que proveían soluciones tecnológicas para el mundo público. Estuve trabajando diez años, hasta que terminé como gerente de gobierno en Microsoft. Era una especie de traductora entre el mundo público y estas empresas grandes de tecnología”.

Carrera independiente

Eso hasta el 2014, cuando nació su nieta y decidió reinventarse. “Siempre estuve de alguna manera, en paralelo, trabajando con mujeres las temáticas del emprendimiento, la asociatividad, y el empoderamiento, haciendo consultorías y talleres de desarrollo de habilidades. Decidí dedicarme solamente a la consultoría y al acompañamiento de mujeres y me certifiqué como Coach Ontológica”, dice.

Desde ahí he estado desarrollando una trayectoria profesional independiente en dos líneas: el acompañamiento de mujeres ejecutivas, principalmente para su desarrollo personal y de carrera, y la consultoría en temas de cambio organizacional. “Sigo trabajando con instituciones públicas y algunas empresas privadas, y ahora también con empresas familiares. Por otra parte, sigo apoyando y haciendo mentorías en redes de mujeres como REDMAD, ComunidadMujer y un club de rotarias”.

Cuando se retiró, decidió que el 30% de su tiempo iba a ser probono, y lo ha logrado. “Me encanta. Siento que mientras más entregas, más recibes. Tengo mi agenda y gestiono bien mi tiempo, mi desarrollo personal es muy importante”. Ahora acaba de empezar un proceso de formación en terapia Gestalt en la fundación Claudio Naranjo.

“Esa formación me ayuda a complementar el coaching, mejorar la práctica y me sirve como conocimiento y desarrollo personal. En los últimos tres años también he estado en un proceso personal muy fuerte, ya que me separé después de 37 años de matrimonio. Además, mis tres hijos, todos artistas, dejaron el nido. La mayor es artista en París, y tengo dos nietos ahí. El del medio tiene 34 años, se dedica al cine y vive solo. Y tengo un hijo más chico, de 27 años, que es antropólogo y estudia en Londres”, cuenta.

Los tres quiebres

Fue un cambio radical, que además la hizo cambiarse desde una parcela en Buin a un departamento en Santiago. “Ha sido un proceso de aprendizaje súper interesante y difícil”, afirma. Ahora quiere diseñar un modelo de acompañamiento para mujeres mayores, para que vuelvan a mirar su propósito y se arrojen a encontrarlo.

“Es lo que yo tuve que hacer. Hay muchas mujeres de más de 55 años activas, que tienen mucha experiencia y aprendizaje que entregar. La mayoría de las mujeres mayores hemos tenido tres quiebres en esta etapa: el profesional, al llegar al tope de la carrera o a la edad de retiro; el familiar, con el nido vacío, la casa queda grande y nos replanteamos la relación de pareja; y el del cuerpo, por la edad requiere más atención y cuidado. Estos quiebres debemos mirarlos, son una oportunidad para reflexionar, para resignificar nuestro propósito en la vida. Empieza una travesía distinta que puede ser muy apasionante”.

“Me ha encantado”, dice sobre su participación en REDMAD desde 2018, “primero, porque creo mucho en la colaboración, las redes y su potencia. Segundo, creo en la causa, ya que la única manera de lograr cambios es que las mujeres estén en la toma de decisiones y, por último, me gusta que se ofrezca a las socias una experiencia de colaboración y solidaridad”.

Apenas ingresó se puso al servicio del grupo que lideraba la experiencia de las socias, donde diseñaron el programa para Competencias para la Alta Dirección (CAD), fortalecieron los círculos y participaron en el desarrollo del programa de mentorías y de alianzas. Por otra parte, desde 2019 ha estado colaborando en la formación el del área de consultoría en REDMAD.

Su consejo para las mujeres es que no dejen de soñar. “Las mujeres tienen que confiar en los recursos que tienen, como el aprendizaje y la experiencia, y arrojarse al sueño. El límite nos lo ponemos nosotras. Hay que arrojarse, a cualquier edad. En el arrojo hay valentía, atrevimiento e irreverencia”, afirma.

Dice que sus días nunca son iguales, a pesar de llevar una agenda. “Me permito todos los días sorprenderme, puede que no haga lo planificado o que se meta otro tema entre medio. Eso lo hace entretenido”, dice. Además, se da una hora y media todas las mañanas antes de trabajar, para ella. “Ahí hago tres cosas que me encantan: medito, miro el tarot y escribo”, cuenta. Lo que más le gusta es caminar por la naturaleza. “Estoy viviendo en la ciudad, pero viviría feliz en el campo. Es lo que más extraño, la conexión con la belleza de la naturaleza”.

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