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“Siento que a las mujeres nos están buscando más, se están abriendo los espacios”

17 mayo 2022

Andrea Rotman, una de las fundadoras de REDMAD, trabajó por 30 años en diversas industrias hasta que en 2015 decidió dar un giro para tener más tiempo para su familia. Ahora es directora de empresas, asesora y tiene la libertad que siempre soñó.

Andrea Rotman

“Estoy en una etapa distinta a la de muchas otras socias, porque estoy en la última en términos de carrera profesional”, dice Andrea Rotman, economista de la Pontificia Universidad Católica de Chile, al comenzar a hablar de su trayectoria laboral.

Andrea fue 30 años ejecutiva de empresas, hasta que el 2015 decidió parar. “Estuve en el mundo previsional, en telecomunicaciones, consumo masivo, servicios, con foco en el área comercial y de marketing. Partí en Isapre Banmédica y después en Chilesat, donde me tocó la guerra del multicarrier. Fue una experiencia inolvidable, fuerte, intensa y maravillosa. Luego me ofrecieron irme a una financiera, lo que para mí no fue una buena experiencia por el rubro, y regresé al mundo del marketing, en la CCU. Después volví a las telecomunicaciones en Entel, y fue una de las mejores experiencias de trabajo, estuve siete años», recuerda.

Continúa: “Luego me fui a Telefónica, donde estuve tres años, y desde ahí me fui a un rubro que siempre soñé: la empresa Lan Airlines, ahora Latam. Era una industria que me apasionaba porque siempre me gustó viajar. La empresa estaba cambiando muchos paradigmas y derribando mitos, fue cuando viajar dejó de ser un lujo, se hizo más accesible. Fue la época de muchas campañas y promociones para que todos pudieran viajar. Me tocó ir a los lugares más increíbles, porque representaba a LAN en la alianza One World, en temas de marketing, con las otras líneas aéreas aliadas. Fueron ocho lindos e intensos años”.

Cambio radical

Allí, decidió dar un giro en su vida. “Tengo cuatro hijas mujeres. Las tres mayores tienen más de 30 años y la menor tiene 16. En ese entonces las grandes se habían titulado y empezaban a trabajar, pero la menor tenía 10 años. Dije: tengo ganas de tener más tiempo para ella, para mi familia y para mí. Sentí la necesidad de ser libre, esa es la palabra con la que más me identificaba porque, si bien yo disfrutaba mi trabajo y me encantaba lo que hacía, sentía que no era libre. Era muy demandante, así que tomé la decisión y tardé un año en irme de LAN. En noviembre de 2015 dejé la empresa, fue una tarea cumplida”.

Al poco tiempo empezaron a llegarle ofertas de trabajos. Empezó un directorio en AFP Cuprum, en enero de 2016, y luego tomó dos más: en Patio Bellavista, una empresa familiar que luego se vio afectada por el estallido social, y en el colegio The Grange School, donde estudió ella y sus hijas y donde estuvo hasta el año pasado. “Sigo en AFP Cuprum y, hace cinco años, me contactaron de la Universidad Católica para el Proyecto de Endowment, un fondo de reserva para tener autonomía financiera en el largo plazo. Decidí ayudarlos, así que pasé a ser asesora, y en la mitad del camino me invitaron a ser parte del Comité Económico Asesor del Honorable Consejo Superior”, dice Andrea.

“Yo manejo mi agenda, puedo definir las reuniones en los espacios que tengo, y eso me ha dado mucha felicidad”, cuenta.

Gracias a esta libertad, Andrea pudo pasar la pandemia en Quintay. Justo sus padres, que tenían 89 años, habían ido a pasar unos días a su casa allá cuando llegó el peak, así que ella optó porque estuvieran todos allá. “Partí con mi hija chica, que estaba con clases online, y con mi marido, que es abogado y trabajó de forma remota. Nos quedamos un año y medio. Mis papás pasaron seis meses allá. No supieron lo que fue la pandemia, salíamos a caminar, a la playa, porque en esa zona casi no hubo cuarentena, fue muy lindo”. Al regresar a Santiago, después de un año, sus padres murieron con un mes de diferencia. “Pude estar harto con ellos. A mí, en lo personal, la pandemia me trajo cosas muy bonitas”, expresa.

Andrea considera que su experiencia no es tan válida para el mundo actual, dado que vivió una etapa donde las mujeres tenían menos privilegios, tenían que esforzarse el doble y demostrar que estaban siempre disponibles. Los hombres, en cambio, no tenían restricciones. “Trabajé mucho, pero no me arrepiento porque siento que hoy estoy disfrutando y mi experiencia me sirvió para trabajar como asesora y directora”, dice, “es algo a lo que todas las mujeres deberíamos aspirar, a formarnos bien y tener experiencias profesionales valiosas, para mañana poder entregar esa experiencia desde afuera. Además, como hay toda una tendencia en los directorios y la alta dirección de incluir mujeres, porque se reconoció el aporte y la necesidad de este complemento, hay más demanda. Siento que a las mujeres nos están buscando más, se están abriendo los espacios”.

Ella valora que los jóvenes tengan otra mirada del trabajo. “Tiene sentido no entregar todo, yo hubiera puesto más límites. El espacio personal es casi intransable, salvo urgencias. Ese sería un consejo para los jóvenes, la vida pasa rápido y la familia y las relaciones humanas se construyen con la presencia, no solamente con la conexión por el teléfono, por lo que igual ayuda tener espacios buenos de calidad con la familia. La buena noticia es que siento que hoy los hombres ejecutivos y profesionales están también valorando el tiempo libre con la familia y el participar activamente en la crianza de los hijos, hoy son más partners de sus parejas, el trabajo de la casa se comparte. Creo que mis hijas van a tener posibilidades de crecer profesionalmente sin tanta renuncia ni sacrificio, porque alguien hará las cosas a la par con ellas”.

Socia fundadora

Andrea estuvo en la formación de REDMAD el año 2013. Era un grupo chico, de cinco a seis mujeres, que se conseguían oficinas para reunirse en las tardes. “Me involucré mucho para el lanzamiento, pero después estaba en el proceso de soltar cosas, entonces cuando ya estaba funcionando di un paso al lado. Fui directora en la primera etapa, participé en comités, y me quedé como facilitadora de círculos, eso me encanta”, dice Andrea.

El crecimiento que ha tenido la corporación estos años para ella es increíble. “Me da mucho gusto ver que se potencien, brillen y figuren otras personas. Hay que dar paso a que siempre sea así y haya personas nuevas que puedan tomar esta posta. Y seguir adelante con frescura, manteniendo siempre la esencia para la cual se formó REDMAD, que es potenciar y facilitar que las mujeres puedan llegar a tener un rol relevante en la sociedad, especialmente en su trabajo y como ejecutivas en la toma de decisiones”, indica.

Andrea, que es oficial de reserva de la Fuerza Aérea tras ser invitada a hacer un curso en 2013, tiene muchos pasatiempos. De hecho, hace poco se reencontró con uno de ellos, el tejido. “Lo retomé en la pandemia con un grupo de amigas en Quintay y no he parado. Soy una gran productora de sweaters. Me ha dado paz, tranquilidad, me entretiene mucho y me baja la ansiedad. También me gusta mucho hacer deporte, voy cuatro veces a la semana al gimnasio. Siento que tengo que fortalecerme, porque en esta etapa hay que estar en mejor condición que nunca para enfrentar los cambios que vienen. Me gusta mucho también irme a Quintay. Llevo 20 años yendo, pero el último tiempo lo he disfrutado como nunca. Lo otro que me apasiona es viajar a donde sea, por el hecho de salir y conocer lugares nuevos”.

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