Opinión

Brecha salarial de género: un freno para el desarrollo de Chile

01 julio 2024

Durante junio se dio a conocer que Chile cayó dos puestos en el ranking que elabora la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) para medir el desempeño de las naciones en la consecución de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU para el 2030.

Los ODS, que fueron aprobados en 2015 por todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas, constituyen una agenda universal que, en sentido global, busca mejorar las vidas y las perspectivas de las personas en todo el mundo. En la novena edición de este ranking, Chile se ubicó en el lugar 30, por lo que, si bien continúa liderando en la región, experimentó un retroceso.

¿Las causas? Una desmejora en educación y en equidad de género. Respecto de este último caso, lo que explica la regresión es la persistente brecha salarial, que se mide estimando la proporción de mujeres que alcanza el salario medio masculino.

En el caso del ranking del SDSN, basado en datos de la OCDE correspondientes a 2022, en Chile solo el 15,4% de las mujeres alcanza dicho nivel. Cabe señalar que los otros cuatro indicadores de equidad de género -planificación familiar con métodos modernos, tasa de años de escolaridad, participación laboral femenina y puestos ocupados por mujeres en el parlamento- arrojaron mejoras frente al reporte anterior.

Las brechas salariales constituyen un enorme perjuicio no solo para las mujeres, sino para todo un país. Esto, ya que la igualdad de remuneraciones a igual responsabilidad no es solo justa, sino también una forma de activar el progreso económico. Y Chile en ese respecto tiene una gran deuda. De acuerdo con los datos de la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2022, se evidencia una notable disparidad salarial por género en Chile: mientras los ocupados hombres tienen un ingreso mensual promedio de $850.412, las mujeres ocupadas ganan en promedio $633.334, lo que significa una brecha de -25,5% en el ingreso promedio entre hombres y mujeres.

¿Por qué esto es negativo para la economía? Porque, como indica la ONU, un mercado competitivo requiere de personas motivadas y desempeñándose a su nivel óptimo, con un salario proporcionado a su aportación de valor. En ese sentido, la brecha salarial incide en todas las caras del mundo laboral: por un lado, disminuyen los incentivos para insertarse en él, pues el costo de trabajar es mayor al de no hacerlo, sobre todo para quienes ejercen labores de cuidado. Para quienes sí lo están, el avance en sus carreras se ve entorpecido, pues, como señala un estudio de BUK y Trabajando.com, las mujeres tienen la percepción de que, si solicitan el mismo sueldo que un hombre para igual cargo, estarán en desventaja y perderán competitividad.

De esta forma, y vinculado a la brecha salarial, se aprecia una brecha de negociación que nuestro propio estudio “Abriendo la Caja Negra 2.0: Factores que impactan en el camino a la alta dirección” detectó. En efecto, existe un diferencial de 11% respecto de la capacidad de negociar ascensos o aumentos salariales entre hombres y mujeres.

Las causas de este castigo están relacionadas con temas como la maternidad, las labores de cuidado y también con persistentes sesgos vinculados a las capacidades y el desempeño de las mujeres en el trabajo. Es clave que, como país, hagamos una seria toma de realidad y que resolvamos este tema, no al 2030, sino mucho antes. La nuestra, una economía emergente y desafiada, no puede darse el lujo de no tener a las mujeres aportando su máximo potencial.

María Ana Matthias
Presidenta de REDMAD

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