Opinión

Cómo gestionar el estrés de los equipos al interior de las organizaciones

08 junio 2021

El estrés, declarado como la pandemia del Siglo XXI por la OMS, tiene grandes efectos sobre la productividad, el ambiente laboral y los resultados financieros. Desde octubre de 2019 en adelante en Chile los índices de ansiedad, angustia y estrés han aumentado considerablemente. En esta columna, las autoras recomiendan acciones concretas que pueden realizar las empresas para mejorar el bienestar de sus trabajadores: ser sensibles a los temas relacionados con el cuidado de la familia, abrir canales de comunicación, crear momentos de pausa y fomentar los liderazgos empáticos son algunas de ellas.

Por Claudia Lozano y Cecilia Darquier

Son diversas las cifras que dan cuenta del impacto que ha tenido la pandemia en el bienestar de las personas. El estudio Chile 3D desarrollado por GFK (mayo 2021) mostró que los niveles de felicidad en Chile cayeron a su mínimo histórico, registrando una disminución de 23 puntos entre 2020 y 2021. De acuerdo a la investigación, las emociones más predominantes en la ciudadanía actualmente son la ansiedad, el miedo y el estrés.

Esto no solo tiene efectos en la vida personal de los chilenos y chilenas, también tiene un impacto en la productividad de las empresas. De acuerdo al informe de Accidentabilidad 2020 elaborado por la Superintendencia de Seguridad Social (abril 2021), los casos de salud mental representan el 35% del total de enfermedades laborales, al excluir de la medición los casos de COVID-19 y los contactos estrechos.

Un estudio presentado en diciembre de 2020 por Criteria y la Mutual de Seguridad evidenció que el 62% de las personas encuestadas sienten más cansancio y estrés producto de la pandemia.

«El estrés es un mecanismo adaptativo que nos ha permitido sobrevivir a los cambios durante miles de años. Antiguamente las amenazas que lo gatillaban eran, por ejemplo, enfrentar a una fiera salvaje, para lo que nuestro cuerpo se preparaba para escapar, esconderse o defenderse».

Hoy los gatillantes del estrés son un sin número de situaciones diarias, desde un jefe molesto, una enfermedad, problemas económicos, emocionales, etc. El problema es que mientras toda nuestra energía está en este estado de sobrevivencia, otros órganos dejan de recibir energía y nutrientes correctamente, como nuestro sistema digestivo, sistema inmunológico, nuestro cerebro pensante, entre otros órganos. Una vez que pasa la amenaza nuestro cuerpo vuelve al equilibrio y se producen otras hormonas que limpian nuestro cuerpo y recuperamos nuestra condición y estado normal.

El problema está cuando la amenaza permanece en el tiempo y nuestro cuerpo no alcanza a recuperarse, a esto le llamamos estrés crónico y es el que nos puede producir las conocidas ERE –enfermedades relacionadas con el estrés– como algunas enfermedades crónicas, autoinmunes y cardiacas. Junto a ello, también afecta nuestra capacidad para tomar decisiones, crear, innovar y tener visión de perspectiva.

En los primeros meses de la pandemia, las organizaciones enfrentaron un momento adrenalínico donde todos se movilizaron con sentido de urgencia para dar respuesta a las rápidas y grandes transformaciones en las formas de trabajar que trajo consigo la emergencia sanitaria. Fue un momento en que todos nos pusimos la capa de héroes con el fin de resguardar la sobrevivencia de nuestras organizaciones ante un momento de crisis.

Sin embargo, esta se volvió una carrera de largo aliento y hoy la gran pregunta que se hacen las empresas es cómo poder cuidar a los empleados en esta maratón cuya línea de meta aún es incierta.

Un excelente ejemplo sobre el estrés es asimilarlo a cuando nos ejercitamos en el gimnasio. Cuando uno levanta pesas tus músculos están bajo estrés. ¿Es algo malo? no, porque al día siguiente levantas las mismas pesas otra vez y luego descansas un día, y si con el tiempo subes un poco más la carga de peso y eres constante con el ejercicio te vas haciendo más fuerte y resistente. El problema empieza cuando levantas pesas y un minuto después levantas más pesas y al día siguiente vuelves a incrementar el peso y levantas cada vez más y así sucesivamente. Es entonces cuando te estás haciendo daño, te desgarras, tus músculos se fatigan y en lugar de fortalecerte, te vuelves más débil. El problema entonces no es el estrés, es la falta de recuperación, ya sea en el gimnasio o en nuestra vida diaria.

«Hoy la gran pregunta que se hacen las empresas es cómo poder cuidar a los empleados en esta maratón cuya línea de meta aún es incierta»

Son muchas las acciones que pueden realizar las organizaciones para combatir los efectos del estrés. En primer lugar, es necesario que se sensibilicen con los temas relacionados al cuidado y al bienestar, incorporando una mirada del ser humano más integral. La situación de la pandemia, ha aumentado los índices de estrés. Para quienes realizan el trabajo desde sus casas, ha aumentado el multitasking, las responsabilidades y la carga de trabajo, creando además un límite difuso entre el mundo laboral y personal, dificultando la desconexión o quiebre necesario del espacio laboral.

Dentro de las buenas prácticas organizacionales que se pueden implementar están los espacios de conversación y contención para saber qué les está pasando a los equipos. Tenemos que reconocer como organizaciones, que este periodo ha significado para muchas personas, un gran desafío en términos de agotamiento, desilusión y duelo por todo lo perdido, ya sean seres queridos, oportunidades, o rutinas que nos hacían felices.

Ante esto, es imprescindible tener canales de comunicación abiertos y frecuentes que permitan conectarnos como personas más allá de lo estrictamente laboral, pero también, más allá de la pandemia, ya que estos estresores están siempre presentes en las vidas de las personas y por lo tanto de las organizaciones en sus resultados de eficiencia. El aprendizaje principal, es asumir su administración como un desafío permanente dentro de las organizaciones.

Para manejar el estrés, es importante que los colaboradores cuenten con periodos de mini desconexiones, que puedan despegarse de las pantallas, respetar los horarios de desconexión de manera de poder hacer otras actividades, como por ejemplo: compartir con los miembros de su hogar, hacer deporte, practicar sus hobbies, etc. 

Para tener trabajadores felices y conectados emocionalmente con su trabajo, es importante contar con liderazgos resilientes y receptivos a lo que está pasando. Hoy más que nunca se necesitan líderes empáticos y flexibles a las necesidades de las personas, que conecten a los colaboradores con el propósito que tienen las organizaciones, dotando de más sentido el trabajo que realizan hoy.

Hoy cuando comenzamos a pensar en el regreso total o parcial a las oficinas, las organizaciones tienen la oportunidad de repensar la forma de trabajar y crear espacios para que estas buenas prácticas se estructuren al interior de nuestras empresas. Está demostrado que en la medida que tienes seres humanos más felices, los resultados de las empresas son mejores, en el ámbito financiero, relacional y humano. El bienestar de los colaboradores, es de esta manera un pilar para la sostenibilidad de los negocios.

Sobre las autoras:

Claudia Lozano: Psicóloga laboral con más de 23 años de experiencia profesional en el área de Recursos Humanos. Participa en la Mesa de Capital Humano de REDMAD.

Cecilia Darquier: Profesional de RRHH con experiencia regional en grandes empresas. Participa en la Mesa de Capital Humano de REDMAD

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