Opinión

Nos llevamos una sorpresa

01 julio 2022

Para la mayoría de los bienes y servicios se ratifica la correlación entre su valor social y su precio de mercado. Por eso, en REDMAD nos planteamos conocer el valor social de las tareas domésticas y de cuidados sorteando las declaraciones loables y políticamente correctas. En alianza con la consultora Criteria y Coca-Cola Chile fuimos a buscar el valor monetario que le asignamos a estas tareas en nuestro país. Y nos llevamos una sorpresa.

En Chile –y seguramente en muchos países más- experimentamos una brecha entre las opiniones y las conductas en el plano de la equidad de género.

Por una parte, es encomiable que las transformaciones culturales hayan devenido en una sociedad que declara no ver diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a su valor como seres humanos, sus talentos, sus derechos y responsabilidades. En el ámbito de las organizaciones asistimos a sendas declaraciones acerca de la importancia de incorporar mujeres en todas las esferas. Y, sin embargo, aún estamos lejos de la paridad.

En el espacio privado, se observan importantes avances en la percepción social de los roles de género. La última encuesta CEP señala que la idea “la labor de un hombre es ganar dinero y el rol de la mujer es cuidar del hogar y la familia” es rechazada por el 86% de las personas (hace 20 años el rechazo era del 57%). Además, el 85% de los encuestados cree que madre y padre deberían estar a cargo de mantener la familia económicamente por igual. Y el 86% cree que ambos deberían hacerse cargo del cuidado diario del hijo, equitativamente. Y, sin embargo, diversos estudios indican que también estamos lejos de esta corresponsabilidad.

Y aquí viene la sorpresa. Cuando se pregunta a los ciudadanos cuánto cobrarían por realizar las diversas tareas domésticas y de cuidados observamos que hay una gran distancia entre hombres y mujeres: estas cobrarían mucho más y ellos harían gratis muchas de estas tareas. Un botón de muestra: el 53% de los hombres no cobraría por limpiar la casa (lo mismo declara solo el 31% de las mujeres); solo el 36% de los hombres cobraría por las tareas que supone ser apoderado en el colegio (entre las mujeres, el 56% cobraría). Esta tendencia se verifica en todas las actividades domésticas y en la mayoría de las de cuidados.

La valoración social de las tareas del hogar y de cuidados depende de su visibilidad tanto en la agenda pública (que se construye día a día en los medios y las conversaciones) como en la propia experiencia cotidiana y personal / familiar. A su vez –y aquí está quizás el punto más importante dadas sus consecuencias-, la visibilidad y valor social de estos trabajos son claves para su valorización económica en las políticas públicas –y también en las iniciativas del sector privado- que se pongan en práctica.

Comunidad Mujer –en su valiosísimo estudio ‘Cuánto aportamos al PIB‘- estimó que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivalía al 22% del PIB Ampliado, lo que supera la contribución de todas las otras ramas de la actividad económica.

Mantener en la agenda pública el valor y la importancia del trabajo doméstico y de cuidados, es una responsabilidad con la incorporación de las mujeres al mercado laboral, con sus trayectorias profesionales, con las familias y con la economía del país. Carolina Martínez Presidenta de REDMAD.

Carolina Martínez
Presidenta de REDMAD

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