Liliana Cortés: “Liderar también es soltar”
08 abril 2026Después de más de 30 años en el Hogar de Cristo, Liliana Cortés ha aprendido que el liderazgo no siempre se trata de avanzar más, sino de saber hacia dónde moverse y cuándo detenerse. En conversación con REDMAD, comparte una mirada poco complaciente sobre el poder, la toma de decisiones y el rol de las mujeres en la alta dirección.

Un liderazgo que no se impone
Hay liderazgos que se ejercen desde la certeza. El de Liliana Cortés, en cambio, se construye desde el proceso. A cargo de la Dirección Nacional del Hogar de Cristo, su rol implica tomar decisiones complejas, proyectar estrategias de largo plazo e influir en políticas públicas. Sin embargo, lejos de describirlo como un espacio de tensión permanente, lo entiende como un camino que se recorre con otros.
“Para mí esto es como subir un cerro, un trekking”, dice Liliana. La imagen no es casual. Habla de avance, pero también de pausas, de observar el entorno y de entender que el liderazgo no es un ejercicio individual.
Hoy, en una etapa de mayor madurez profesional, hay además un elemento que aparece con fuerza: el disfrute. “Este cargo, en particular, lo estoy disfrutando mucho”, asegura la directora de una de las organizaciones sociales más emblemáticas de Chile.
Una trayectoria que se construyó aprendiendo
Trabajadora social de formación, su historia profesional está profundamente ligada al Hogar de Cristo, donde ha trabajado en varios de sus programas. Comenzó en terreno, en contacto directo con comunidades, y desde ahí fue ampliando su impacto hacia roles de mayor responsabilidad.
Uno de los puntos de inflexión fue su paso por el Fondo Esperanza, donde integró herramientas de gestión y operación a su formación social. Más adelante, en Fundación Súmate, volvió a conectar con jóvenes fuera del sistema escolar, antes de asumir su rol actual como líder de una de las instituciones más legitimadas para incidir sobre cómo se combate la pobreza en nuestro país.
Su carrera no responde a un plan rígido, sino a una lógica de aprendizaje constante: identificar lo que falta y hacerse cargo. “Me di cuenta de que tenía que aprender lo que no sabía”, dice Cortés. Esa disposición, más que cualquier hoja de ruta, es la que ha marcado su camino.
Pensar el impacto más allá de la organización
Hoy, su rol no se limita a la gestión interna. Parte importante de su trabajo está en diseñar soluciones que puedan escalar y dialogar con políticas públicas. Eso implica hacerse preguntas incómodas, incluso sobre la propia organización. Por ejemplo, ¿Cómo diseñar programas que no solo funcionen, sino que puedan ser adoptados a nivel país? ¿Dónde está el mayor impacto posible? “La pobreza no es un problema de una organización, es un problema país”, dice la directora del Hogar de Cristo con toda autoridad.
Desde esa perspectiva, el liderazgo deja de centrarse en la institución y se traslada hacia el sistema completo.
El desafío más difícil: dejar de hacer
Si hay una idea que atraviesa su forma de liderar, es la capacidad de soltar. En contextos sociales, donde los equipos, programas y comunidades generan vínculos profundos; dejar de hacer no es solo una decisión técnica, sino también emocional. “La valentía de dejar de hacer cosas es de las más difíciles”, asegura.
Sin embargo, para ella, es una condición necesaria para lograr impacto real. Evaluar si otro actor puede hacerlo mejor, redirigir recursos o incluso cerrar iniciativas forma parte del ejercicio de liderar con responsabilidad según Cortés. “El foco tiene que estar en si estás haciendo el mayor bien posible”, resume.
Cambiar la forma en que entendemos la vulnerabilidad
A lo largo de su trayectoria, ha trabajado con personas en contextos de alta vulnerabilidad. Esa experiencia le ha permitido cuestionar ciertas miradas instaladas, especialmente en espacios más tradicionales.
Uno de los puntos más críticos es cómo se entiende la capacidad de decisión de las personas. “Todas las personas toman decisiones sobre su vida”. Reconocer esa autonomía, incluso cuando las decisiones no coinciden con lo que otros consideran correcto implica cambiar la forma en que se diseñan soluciones y se construyen oportunidades para los grupos más vulnerables.
También abre una reflexión más amplia sobre talento y aporte. “Nos estamos perdiendo mucha riqueza cuando creemos que solo ciertos perfiles son válidos para ocupar ciertos roles”, declara Liliana.
Mujeres en alta dirección: el freno invisible
Al hablar de mujeres en posiciones de liderazgo, su diagnóstico es claro: el principal obstáculo no siempre es externo. Existe una tendencia a sobreprepararse, a esperar el momento perfecto, a validar cada paso antes de avanzar. Mientras tanto, otros avanzan sin ese mismo nivel de cuestionamiento.
“Las mujeres la piensan demasiado para postular”, asegura Liliana. Acortar esa distancia, entre estar preparada y atreverse, es, a su juicio, una de las claves para avanzar.
El valor de una red que amplifica
En ese contexto, espacios como REDMAD cumplen un rol que va más allá del networking tradicional. Para Liliana, la red no es solo un lugar de encuentro, sino una plataforma que permite visibilizar liderazgos, abrir oportunidades y generar comunidad entre mujeres que enfrentan desafíos similares.
“Buscaba una tribu para poder caminar”, cuenta sobre el momento en que decidió sumarse en marzo del 2025 como socia a REDMAD. Esa idea de comunidad, más que de competencia, es la que, en su experiencia, permite sostener trayectorias exigentes y ampliar el impacto.
Una forma distinta de entender el liderazgo
A lo largo de la conversación, su mirada se aleja de definiciones tradicionales de poder o éxito. No habla de control, ni de certezas absolutas. Habla de decisiones, de aprendizaje y de la capacidad de moverse cuando las condiciones cambian.
En ese sentido, su liderazgo propone algo distinto: una combinación de convicción y flexibilidad, de propósito y apertura, de dirección y escucha. Y quizás ahí está una de sus principales diferencias Porque, como queda claro en su recorrido, liderar no siempre es avanzar más rápido o más lejos, sino tener la claridad, y la valentía, de ir hacia donde más se necesita.
Artículos relacionados
María Luisa Gutiérrez: “Siempre supe que en la experiencia del usuario estaba el futuro”
Rocío Duque: “El desafío ya no es solo abrir espacios, sino consolidar influencia”
Edith Carmona: “Combinar el bienestar de las personas y las estrategias es uno de mis principales focos al liderar”
